![]() |
“Que no quede olvidado el pobre eternamente, que no se pierda para siempre la esperanza de los desdichados” En Gijón, a 28 de junio de 2026 -Faustino Vilabrille
(La Biblia en el Salmo 9,19)
El colonialismo es el sistema político y económico mediante el cual un Estado extranjero domina y explota un territorio ajeno. El término suele referirse a la ocupación y control de territorios por parte de una potencia extranjera, generalmente para explotar sus recursos naturales y a su población. Implica la imposición de estructuras políticas, económicas y culturales por parte de los colonizadores, quienes suelen considerar a las sociedades sometidas como inferiores en términos sociales, culturales o biológicos. Europa fue inmensamente colonialista: los principales países colonialistas fueron Bélgica, Francia, Reino Unido, España, Portugal, Alemania, Italia, Rusia, Dinamarca y los Países Bajos.
Los partidarios del olonialismo, en algunos casos, se justificaron creando una ideología basada en el racismo. Una de sus bases era creer que el colonialismo tenía una misión civilizadora, considerando que los únicos civilizados eran los «países grandes», el resto era considerado incivilizado y salvaje.
Esta ideología racista generó en Europa un sentimiento de superioridad, que actualmente está resurgiendo en determinadas ideologías políticas ultraconservadoras, con la llamada “Prioridad Nacional”, que es totalmente contraria a la dignidad humana y más cristiana.
Vivimos en un mundo profundamente desigual y marcado por una larga historia de dominación colonial que ha beneficiado, principalmente, a las personas más ricas.
Las personas más pobres, las personas racializadas y las mujeres y los grupos excluidos se han visto sometidos, y continúan siéndolo, a una explotación sistemática que conlleva un elevadísimo costo humano.
El colonialismo continúa estando presente en el mundo actual de diversas maneras. El voto de un ciudadano o ciudadana europeo, según el Banco Mundial, vale 180 veces más que el de una persona de Etiopía o Mozambique. El colonialismo actual sigue extrayendo la riqueza del sur global en beneficio del 1% más rico de la población, que reside mayoritariamente en el norte global más rico, a un ritmo de 26,3 millones de euros por hora.
Sin duda, la pobreza y desigualdad extrema que padecen hoy muchos millones de personas de los países empobrecidos es herencia directa del colonialismo, que hoy tiene una forma nueva y cruel de actuación: el colonialismo climático que los países ricos están ejerciendo con los países pobres.
La persistente explotación de posibles gracias a acuerdos económico-políticos restrictivos entre el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la Unión Europea (UE), es una realidad en muchas de las antiguas colonias, capitalizadas por Arabia Saudita, EAU, Qatar, China, India, Europa y EE.UU.
En África, los proyectos de compensación de carbono favorecen los riesgos de acaparamiento de tierras: uso de cerca del 10% de la superficie de Liberia y el 20% de Zimbabue, además de en Etiopía, Sudán, Madagascar, Sierra Leona, Mozambique (que perdió el 21% de su superficie) o la República Democrática del Congo.
En América Latina: el 1% de las propiedades agrícolas más grandes controlan más del 50% de la superficie cultivable de la región, donde el acaparamiento es impulsado principalmente por fondos de inversión privados transnacionales de EE. UU. y Europa.
En resumen, gobiernos y grandes empresas se apropian de tierras para convertirlas en áreas de compensación de carbono y proyectos de biocombustibles e hidrógeno verde, que, además, requieren grandes cantidades de agua.
Estas actividades, disfrazadas de iniciativas ambientales, en realidad son perjudiciales para el clima y la sostenibilidad, y trasladan la carga de la reducción de emisiones de carbono desde los contaminantes del tierras de África y América del Sur, desplazando a millones de comunidades, familias y personas de sus lugares de origen y de vida. Al llegar una corporación con el visto bueno del gobierno, los pastores y pequeños agricultores son desplazados de sus tierras ancestrales, perdiendo su sustento, el acceso al agua y la seguridad alimentaria. Obrero de Mozambique en España: Esta semana nos hemos encontrado con un trabajador de la construcción que está trabajando en España, procedente de Mozambique, un país del sur del Continente africano. Mirando los datos económicosociales de Mozambique nos encontramos con esto:
Renta por habitante y año: unos 580 euros, que lo sitúan entre los países más pobres del mundo, que no llega ni a 1 médico por cada 10.000 habitantes, lo que lo sitúa entre los más bajos del mundo, como Somalia con solo 0,2, o Sudan del Sur con solo 0,15. En Mozambique son pobres en extrema pobreza más del 60%, que aun lo superan Somalia con el 73 % en extrema pobreza, y Sudan del Sur con el 92 %, y Madagascar con el 75%.
Bastantes más países africanos ostentan cifras similares. Ahí tenemos la causa de que este trabajador haya emigrado a España y África tenga más de 36 millones de emigrantes nacionales e internacionales, la mayoría buscando mejorar sus condiciones de vida y trabajo.
Jesús dice en el Evangelio de hoy que “ni un vaso de agua quedará sin recompensa”: aun hoy 2200 millones de personas no tienen acceso a agua potable, mientras estamos gastando miles de millones de litros en producir biocombustibles, o en España gastamos 2 millones de litros diarios durante los meses de verano en regar los campos de Golf.
La conclusión es evidente: Este mundo no puede seguir así: necesitamos más igualdad, más justicia, más fraternidad, más solidaridad, más compromiso de los ricos con los pobres.
Necesitamos acabar con las guerras y los gastos militares, y dedicarlos a cuidar el Planeta y acabar con el Cambio Climático y prevenir las catástrofes naturales.
Necesitamos más paz para nosotros y el planeta, más amor a la Madre Tierra para dar más amor a todas las criaturas, humanas y naturales, para ser todos y todo más felices en este mundo, con opción preferencial por donde más se necesita: África, América del Sur, sur de la India, Bangladés y Haití.
Fuente principal de Información: Land Matrix Initiative, Osfam